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La Coctelera

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Juntos para devolver el honor a nuestros ancianos

21 Octubre 2006

Un ocaso feliz ...

El maltrato al Adulto Mayor se remonta a las últimas décadas de este siglo y comenzado a tomarse como un verdadero problema social, es así que recientemente se ha comenzado a tomar conciencia de esta realidad, pero lamentablemente se observa que los familiares principalmente y cuidadores de estos adultos, intentan ocultar los malos tratos.

El maltrato es definido como un acto único o repetido que se produce dentro de cualquier relación donde hay una expectativa de confianza que causa daño o angustia a una persona mayor. En general, el maltrato causa un daño físico o psicológico, con o sin lesión visible a la persona.

Estadísticamente los daños más comunes a este sector son:

 Físico
 Psíquico
 Económico/Financiero/Material/Patrimonial
 Sexual
 Por negligencia o abandono

Muchos son los factores que influyen para ello. Lamentablemente un adulto mayor se considera una sobrecarga para las familias, ya que la dependencia física, económica y emocional genera comportamientos violentos y un marcado aislamiento social.

Así la fragilidad de un adulto mayor tanto física, psíquica, de ingresos económicos, fomenta estos actos despreciables que en su mayoría son realizados por hijos adultos, los cónyuges y la pareja actual.

Bajo el pretexto de que un anciano no “puede controlar su vida”, los insultos, la humillación, las amenazas de muerte, el rechazo familiar, el maltrato físico (bofetadas, empujones y puñetazos) son los cabezales estadísticos a nivel mundial.

¿Qué podemos hacer?

El primer paso es hacernos concientes … esa es la solución. En tanto comprendamos que un adulto mayor sigue siendo una persona que está constantemente retando al tiempo y que en esa guerra ha adquirido comprensión y sabiduría; la cual muchos de nosotros NO TENEMOS, generaremos una ola de grandes honores y respeto para nuestros ancianos.

Comencemos con los ancianos que tenemos en casa, eso es suficiente. Entendámoslos, ayudémoslos a pasar los últimos años de sus vidas como se merecen. Como nos lo hicieron merecer a nosotros y ayudemos, en nuestras posibilidades a los demás transmitiendo esta conciencia.

En México el 25 de junio del 2002 se publicó la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores, creándose por ella el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam). Sus principales objetivos son proteger, atender, ayudar y orientar a las personas de la tercera edad, así como conocer y analizar su problemática para encontrar soluciones adecuadas. Así es de que si conoces un caso de violencia ¡Denúncialo! Pues quizá con un poco de suerte … también llegues a ser viejo.

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21 Octubre 2006

¿QUÉ ES LA SENECTUD?

El ser humano, comienza a envejecer al nacer y este proceso nunca termina. A este período de declinación se le llama envejecimiento. La vida tiene su límite programado y en promedio es entre 84 y 85 años; el límite superior que se alcanza es alrededor de 100 años y solamente unas cuantas mujeres viven más de la centena.
La edad biológica es inevitable y universal.
Al envejecer se producen cambios en los órganos y en la apariencia y cuando el ser humano tiene edad media es cuando se empiezan a distinguir, pero a la medida que pasan los años se notan más, acumulándose y siendo mayormente manifiestos.

En ello, los síntomas de la senectud, varían de una persona a la otra, casi tanto como su temperamento, su posición social o las circunstancias de su muerte. En cuanto a ello, hay investigadores que se han interesado en estudiar cómo y porqué declina el sistema inmunitario en la vejez, causa que con frecuencia facilita la infección y la muerte.
En nuestros días, la medicina previene o trata eficazmente las infecciones, las lesiones físicas o la malnutrición. Sin embargo, lo que aún no puede tratarse clínicamente, depende casi por completo de la constitución genética del individuo y de su reacción al medio social.

En México diariamente 799 personas cumplen 60 años, según el Consejo Nacional de Población para el año 2015 habrá 15 millones de adultos mayores y para el 2050 sumarán 42 millones.

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7 Octubre 2006

Un desafío en el tiempo ...

Da la impresión, al tratar con los ancianos, de que nos encontramos frente a unos seres que han sido vencidos por el tiempo, cuando en realidad ellos son los vencedores del tiempo. Esto es frecuente. Tal vez porque los jóvenes tienen que aceptar el presente y en consecuencia aceptar un pasado. Sin este pasado, como única posibilidad de existencia, se produce el vacío del lejano o próximo al envejecimiento. Darse cuenta de que hay una ligazón entre las distintas fases y épocas de la vida y que se camina hacia la vejez, es la única manera de llegar a esta edad madura sin resentimiento, con plena alegría, es decir, con plena aceptación.

Por otra parte, hay que aprender a ser viejos. No se llega de golpe. Es toda una pedagogía que debiéramos ir recibiendo del mundo de los más maduros. Aprender a encontrar en la imagen del anciano la figura del buen consejero, del que lleva consigo toda una experiencia de la vida. Educar a las gentes a que los ancianos estén insertos en el lugar que les corresponde dentro de la familia como lugar de amistad y de encuentro; no marginándolos, ni pensando que son seres ya inútiles, que molestan. La sociedad, hasta ahora, ha dado la importancia al mundo de la pediatría sin reparar demasiado en la geriatría. Es aquello de pensar que vale más preparar una buena máquina para que rinda mucho, pues se piensa que una máquina vieja ya no produce y hay que retirarla. Un niño es un proyecto que no sabemos si querrá o podrá realizarse. El viejo, cargado de vida, de sufrimiento, de constancia y de vencimientos para ser honesto toda una existencia, es todavía más digno: es una realidad que, en un orden ontológico, tiene más peso que una pura posibilidad.

Los hombres, seres temporales, tenemos el presente. Sabemos cuando nacimos, y a partir de esta fecha sumamos años; pero no sabemos cuando moriremos. Si supiéramos esta fecha, iríamos restando años. Desde este punto de vista, un joven es más viejo -está más cerca de la muerte- que un viejo que convive con él.

Tenemos que reflexionar en el hecho de ser dueños tan sólo del presente; es decir, de las cosas tal como son. Con una simultánea convivencia de gentes de distintas edades que tienen que encontrar en cada instante su lugar, su acoplamiento, haciendo de cada día su afán, el futuro irá saliendo bien. Esto no quita el sentir la trascendente importancia que tiene el hombre, con su capacidad de simultaneidad en el vivir. Precisamente en esto se distingue el hombre del animal, por la posibilidad de retroceder aceleradamente en el campo de la tradición. Esto hace que nos reconozcamos los hombres. Una tentación sería el inmovilismo, y aunque parezca una paradoja representaría también el olvido del futuro.

Es tan engañoso para el hombre contingente vivir de cara al pasado -del que tantas cosas hemos recibido-, como vivir de cara al futuro en el que tantas cosas quedan por hacer.

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Mi interés es volver la vista atrás para engrandecer nuevamente a los ancianos que con su experiencia, siempre sabrán guiar nuestro andar. for

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